Adiós a Jon, mi mejor amigo: sabio, bueno, único

Mi gran amigo nos ha dejado. Y todos, los que tuvimos la suerte de conocerle y compartir la vida pero también los que nunca se toparon con él, hemos perdido a una persona única. De esas que te reconcilia con la especie humana en este mundo de continuas injusticias, desigualdades y abusos.

Jon Laka.

Jon Laka Arza ha encarnado todo lo contrario. Sabio, bondadoso, generoso, amante acérrimo de la naturaleza, sensible sin límite. Nos conocimos hace 39 años en el inicio del Bachillerato, en el Instituto de Gernika. Venía todos los días de Lekeitio, el pueblo en el que vivía. Pronto se integró en mi cuadrilla de Gernika y nuestra amistad se engarzó para siempre. Jon forjó gran parte de mi personalidad y en aquella adolescencia de salidas nocturnas continuas se convirtió en el hermano mayor que no he tenido.

Inteligente y sabio. Se labró de manera autodidacta un conocimiento impresionante en la naturaleza, el cosmos, la geografía. Su simbiosis con la naturaleza asombraba. No había animal, árbol, arbusto que no identificara al instante y acto seguido explicara en un minuto sus características principales. La historia del planeta fluía por su boca como si tuvieras delante a Carl Sagan y te localizaba sin vacilar cualquier diminuta isla del Océano Pacífico. Las conversaciones, en el Ford Fiesta rojo en la afueras de Gernika aquellas noches de los viernes y sábados, eran apasionantes.

En aquellos rebeldes años 80 nos queríamos comer el mundo, como muchos otros. Planeábamos la marcha a una isla en busca del aislamiento de todos los males de la civilización. Buscábamos respuestas para sentir la plena felicidad, divagábamos sobre el más allá y estábamos (y estamos) convencidos en la reencarnación.

Toda esa sabiduría y humanidad de Jon le jugaron malos ratos. Es prácticamente imposible adaptarse a un sistema social donde los valores del aplastamiento al prójimo, en aras del maldito dinero o la vergonzante posición social, se imponen a los buenos sentimientos: la amistad inquebrantable, compartir lo material, huir del egoísmo…”Mira son más felices los que no enteran de nada y están ahí como borregos en el rebaño”, decía a menudo.

Ejercía una atracción especial a todos los que le conocieron. Pese a su innata discreción y su celo en preservar su vida entre su entorno. Con ese punto de timidez, que contrastaba con el robusto carácter. Tal vez le incomodara que glose su figura en este blog. Creo que debo hacerlo como ejemplo de verdadero ser humano.

Bondadoso. Algo innato en toda su vida. Se pueden reflejar numerosos episodios. Como el de agosto de 2013. Jon y Joserra, del que hablaré ahora, se quedaron en nuestra casa para cuidar de nuestro perro y los gatos. Un día de aquel agosto, cuando pasaba por el monte Artxanda, sobre el que se divisa Bilbao, oyó unos gemidos de un animal. Se acercó y se encontró en un agujero con un perra, setter, que con toda seguridad había sido abandonada. Estaba medio agonizante. La metió en el coche y la trasladó a nuestra casa. Con tono suplicante, como si nos metiera en algún problema, nos dijo a ver si podíamos acogerla. La respuesta era obvia. Laila, como le llamamos, es un miembro más de nuestra familia. 

Joserra y Jon

Hace 23 años, Jon conoció a Joserra, otra maravillosa persona que te hace congraciar con la especie humana. Le trajo la calma y el equilibrio que necesitaba. 

Hace unos años, no puedo precisar la fecha, me empezó con la cantinela de que no iba a llegar a viejo. Que tendría un tumor. Me enervaba el comentario. Pero me inquietaba al mismo tiempo, por esa sabiduría que ha demostrado siempre. Por desgracia volvió a acertar y nuestras vidas, la de todos los de su entorno más cercano, dieron un vuelco desde septiembre pasado.

Ha sido duro, especialmente para Joserra que ha estado a su lado las 24 horas de todos estos días. Eres un campeón Jose. No puedo dejar de recordar aquel día de septiembre cuando era él quien me tranquilizaba, entre mis sollozos por lo inevitable, y definía la muerte como un episodio más de la naturaleza. De esa naturaleza que él amaba y cultivó a todas horas.

“Hey”. Era la primera palabra cuando descolgaba el móvil en todos estos meses tan tristes. Me reconfortaba. El 2 de marzo su cuerpo dejó de funcionar. Arropado por todos los suyos: Joserra, su hermano Miguel, su ama Celia, las hermanas de Joserra Blanca y Mila, yo mismo y mi esposa Marta. Por la noche, en nuestra casa, dimos la pésima noticia a nuestros dos hijos, Unax y Markel. “Tio Jon (como Joserra, eran sus tíos) se ha muerto”. Le querían con locura y lloraron con nosotros.

Este lunes 6 de marzo le despedimos en Bilbao. Su cuerpo no está pero el espíritu pervive en todos nosotros. Espero que sea un espejo en el que se miren muchos. Con un mundo lleno de  hombres como Jon, no había injusticia, ni desigualdades ni desmanes. Creo que estaríamos bastante cerca de la felicidad. Solo pido que nos volvamos a encontrar en algún sitio, mi gran amigo. “Hey” Jon.

 

5 thoughts on “Adiós a Jon, mi mejor amigo: sabio, bueno, único

  1. Precioso lo que dices de tu amigo. Creo que habéis tenido una suerte recíproca al conoceros; seguro que vuestra amistad continuará en alguna parte. Un abrazo Alberto!

  2. No has podido describirle mejor…yo comparto este enorme dolor contigo .. y también espero podamos encontrarnos con el en algún sitio…un abrazo Alberto

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *