La puerta giratoria de un juez vasco: vuelve a ser magistrado de lo mercantil tras ocho años forrándose con el mismo negocio

El juez vasco que durante ocho años se forró con la administración de empresas en quiebra vuelve a dictar sentencias sobre este ámbito. Edorta Etxarandio ha sido destinado como magistrado en la Audiencia Provincial de Pamplona, en el área mercantil, en la misma en la que trabajó en su empresa privada entre 2008 y 2016.

juez etxarandio
El juez Edorta Etxarandio.

La historia de Edorta Etxarandio se asemeja demasiado a las famosas puertas giratorias.  Tras ser juez de la vía mercantill, pasó inmediatamente (y durante ocho años, de 2008 a 2016) al ámbito privado como administrador concursal, un negocio que en esos años estaba al alza por la inacabable crisis iniciada precisamente en 2008. Únicamente entre 2009 y 2013 se llevó la administración de 68 concursos y era el sexto administrador de toda España entre un listado de más de 9.000.

En mayo de 2016 se conoció su petición de reincorporarse a la carrera judicial y, en junio, el máximo órgano de los jueces, el Consejo General del Poder Judicial, aprobó su nombramiento como juez de primera instancia de San Sebastián. Su designación apareció publicada en el Boletín Oficial del Estado del 1 de septiembre.

Etxarandio se mantuvo como consejero y presidente de la empresa Cuevas&Ibarnavarro S.L. hasta el 13 de octubre de 2016. El Boletin Oficial del Registro Mercantil del 21 de octubre del pasado año (página 46152) refleja el cese de su cargo y el nombramiento de uno de sus hijos como presidente. La compañía tenía entonces como consejeros a su otro hijo y su esposa, quien es procuradora de los tribunales en Bilbao.

El hasta hace poco juez del Juzgado de Primera Instancia 5 de San Sebastián mantuvo a su nombre su negocio privado casi cuatro meses desde la aprobación de su vuelta a la carrera judicial y mes y medio desde que apareciera en el boletín oficial su puesto como juez. El reglamento de la Carrera Judicial expresa en, el artículo 326. que el juez que regrese de un actividad privada debe cesar de ella en un plazo de ocho días “desde que se produjo el nombramiento”.

Etxarandio podría haber incumplido la norma de los ocho días pero el criterio no está claro. Fuentes judiciales consultadas han revelado que habido casos de jueces que han dejado su actividad privada antes incluso de solicitar su reingreso a la carrera judicial, sin que el Consejo del Poder Judicial comentara nada. Y otros casos que siguieron cobrando de la esfera privada hasta justo ser destinados en su plaza, lo que no fue vetado por el Poder Judicial. En el caso del juez Etxarandio, desde la publicación en el boletín de su nombramiento hasta el cese en su negocio familiar pasaron 43 días.

El pasado 12 de septiembre el Boletin Oficial del Estado (ver página 88314) publicó su nombramiento como magistrado de la Audiencia de Navarra “correspondiente al orden civil, especializada en mercantil, ocupando plaza de especialista”.  La jurisdicción civil abarca un área muy amplia: desde divorcios a temas de arrendamientos. A Etxarandio se le nombra como especialista en los asuntos mercantiles, los relacionados con las quiebras de las empresas, en los que tuvo un negocio privado durante ocho años. No juzgará los casos sino que resolverá las apelaciones y recursos en la Audiencia navarra.

La gestión de las empresas en crisis ha sido precisamente una de las tareas principales que han llevado a cabo  los juzgados de lo mercantil. Entre 2006 y 2008, Etxarandio fue el titular del juzgado número 2 de lo mercantil de Bilbao.

La entrada en crisis de una empresa (el concurso de acreedores, anteriormente denominado suspensión de pagos) supone la inmediata intervención judicial, que luego designa a los llamados administradores concursales que se encargan de la gestión de la compañía. Adquieren un gran poder, ya que deciden sobre cuestiones tan importantes como las ventas y compras de la empresa en quiebra, la situación de los trabajadores o la responsabilidad de los hasta entonces gestores de la empresa.

La gestión de los concursos ha sido un buen negocio durante la fuerte crisis de la última década: junto a una cantidad fija estipulada en la ley, se puede obtener un 50% de retribución adicional si así lo estima el juez y el adjudicatario también se lleva el 1% de los bienes que se recuperen de la  quiebra de la empresa.  En España, en el proceso de Martinsa Fadesa, el más grande de los últimos años, la retribución ha llegado a los cuatro millones de euros para los administradores concursales, En estas tareas, y con éxito, ha estado ocho años el juez Etxarandio.

Su actividad como administrador concursal entre 2008 y 2016 tuvo episodios polémicos. A finales de 2010 fue censurado en el concurso de la empresa Viajes Marsan. El motivo fue que designó como auxiliar en el concurso a Antonia Magdaleno, una de las directivas del despacho Broseta por el que fichó a finales de 2008. Esa relación profesional en el mismo despacho impedía, según establece la Ley concursal, dicho nombramiento. Cuando Etxarandio era juez de lo mercantil, designó en 2008 a Magdaleno administradora del caso de Construcciones Loizate y tres meses después, también formó parte del concurso de la constructora Urazca (una de las primeras quiebras importantes en Euskadi) por designación del juez Edorta Etxarandio. A finales de ese año, Etxarandio fichó por el despacho de abogados de Antonia Magdaleno.

Uno de sus hijos, el que le ha reemplazado como presidente en la empresa familiar, ha sido precisamente asociado del despacho de abogados Antonia Magdaleno, una de las principales firmas de quiebras en España.

La ley parece demasido laxa con los jueces, que pueden pasarse a la empresa privada en el mismo negocio sobre el que han estado dictado sentencias. Y años después, como en el caso del magistrado Edorta Etxarandio, vuelven a la judicatura para emitir fallos judiciales sobre el negocio en el que se han forrado. Poco entendible para la ciudadanía y dudoso para garantizar una verdadera justicia.

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